sábado, 8 de octubre de 2011

"But to hold it together when everyone else would understand if you fell apart, that's true strength.” (S. Jobs)

Mediocridad. Es el vocablo que más viene a la cabeza de quienes tienen la osadía de pararse a observar lo que acontece a su alrededor. Crisis, recesión, indignados, corrupción, polución, hipoteca, paro, comida de plástico, deuda soberana, bancarrota, euro, guerra. Y no sigo. Nuestras cabezas están programadas por los tiempos que corren para saturar la lista de términos que nos llevan a pensar que la solución más adecuada pasa bien por huir y refugiarse en una nueva vida en una isla lejana, lejos de todo aquello tan perverso que no controlamos pero que acaba por afectarnos, bien por no creernos lo suficientemente valientes para seguir advirtiendo lo que ocurre y optar por lanzarnos a la vorágine de fomentar el crecimiento del Monstruo. Si no puedes con el enemigo, únete a él: Mi trabajo es vulgar. Mi vida es vulgar. Mis compañeros son vulgares. Mi tiempo libre es vulgar. Mi familia es vulgar. Mis vecinos, vulgares. No me complicaré. Voy a ser vulgar yo también.

Siempre acabamos percibiendo que los tiempos pasados fueron mejores. El baúl de los recuerdos. De la misma manera que hay quien dice que vivíamos más felices cuando España era un país autárquico, habrá quien diga dentro de unas décadas que la vida allá por los primeros años del siglo XXI era idílica. Es solo el efecto del tiempo y su memoria, siempre selectiva; borran lo molesto y ennoblecen lo placentero. Una reconciliación con lo añejo.

Soy joven, tanto en edad como de espíritu, entusiasta, creo en las personas, en la creatividad de nuestras mentes, en el trabajo y, desde luego rechazo hermanarme con la mezquindad imperante. Creo en la “passió pel meu ofici” de Pep Guardiola y en el “love what you do” de Steve Jobs.

Existen voces inspiradoras a nuestro alrededor, que transmiten un saber hacer optimista, una filosofía de vida que no permite estancarse. Voces que invitan a ir a contracorriente, a no mancomunarse en la medianía, a no dejarse llevar por dogmas ni paradigmas. A poner el intelecto en marcha sin prejuicios. Claro que seguirlas implica un esfuerzo, una postura activa y que no en vano se aleja de la comodidad de unirse al enemigo en lugar de escoger un camino propio y alternativo. Amemos la vida. Amemos el tiempo que nos ha sido regalado en el paraíso. Amemos lo que hacemos. Así es como conseguiremos que el planeta siga girando. Lo decía Steve. Y lo dice Pep. Love. Passió.