" ... pocas veces se pueden alcanzar objetivos verdaderamente interesantes en la vida basándose sólo en criterios de comodidad."
Esta innegable verdad leída al aventurero Albert Bosch me ha hecho caer, una incontable vez más, en las puertas que nos cerramos a nosotros mismos a diario. Tenemos el mundo a nuestros pies pero, esa total libertad de pensamiento y acción, nos aterra. Por mucho que nos neguemos a confesarlo, demostramos con nuestros movimientos que nos gusta que piensen y elijan por nosotros. Somos maestros en la labranza de la excusa e hijos pródigos en adentrarnos en las inmiscuidades del "qué dirán". Todo ello, con el único propósito de ceder libertad en pos de conseguir un tácito bienestar, que no es más que parte del decorado de una existencia mal aprovechada, una crónica desagradecida.
La libertad no es pura matemática. La libertad no es inequívoca. La libertad no asegura un cobijo caliente ni algo que llevarse a la boca. La libertad no nos da abrazos ni nos susurra cosas hermosas al oído. En otras palabras, parece obvio decir que la libertad no es cómoda.
No exijamos abanicos de 360º repletos de posibilidades, pluralidad de partidos políticos, prensa para todo gusto y color; no nos manifestemos en contra de la censura ni nos encendamos al denunciar la represión ni el incumplimiento íntegro de Derechos Humanos que viven nuestros iguales en otros lugares.
Nosotros mismos estamos actuando como espejos de los más sanguinarios y coercitivos dirigentes cuando nos cerramos maquinalmente las puertas, no escuchando voces distintas a las habituales y, mucho menos, que discrepen con nuestra filosofía (en el mejor de los casos, si es que tenemos alguna), juzgando al tipo de al lado por esto que dijo o lo otro que escribe, siguiendo modas, no abriendo nuestras mentes más allá de lo ortodoxo y de lo que "está bien visto", actuando sin escuchar a lo más íntimo de lo que somos.
La libertad sobre la que tantos (y tantas) pensadores y seres humanos han escrito, refutado y por la que han matado viene con nosotros cuando nacemos, como el pan, debajo del brazo. A medida que nos vamos adentrando en la vida, vamos desgarrando y maltratando el albedrío que traíamos innato y que tantas dudas y reflexiones nos suscita, hasta terminar un día en el que uno se dice: "Mi mujer, mi marido, mis hijos, mi hipoteca, mi trabajo. Esto es todo lo bueno en mi vida. No he explorado más allá. No es que yo lo quisiera así. Pero así me HAN educado".
La libertad no es cómoda, es hermana gemela de la responsabilidad y esto es precisamente lo que nos hace actuar como nazis, gasificando todo aquello que implique esfuerzo y matando de hambre todo aquello que comprometa diferenciarse del resto y hacer lo que no está escrito. Pero la libertad es, sin duda, el regalo más hermoso y perfecto que trae consigo la condición de ser humano y darnos una vuelta por el mundo.
"Sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día".
J.W.V. Goethe
| 05.02.11. Zarautz. Modelo: Pablo González. :) |