martes, 1 de noviembre de 2011

"La reconnaissance est la memoire du coeur." J.P. Massieu


Fotos desempolvadas. Ropa de otra época. Que vuelve a llevarse. Esas gafas con las que se ve la vida en versión más auténtica. Sonrisas. Bellos paisajes. Colores saturados. Sepia. Blanco y negro. Miradas cómplices. Limpias. Pillas. Manos que se entrelazan. Que se posan. Gestos que anticipan un firmamento de estrellas infinitas. Sueños. Cumplidos. Por cumplir. Avidez por comerse el mundo. Cariño que se palpa. El amor que todo lo envuelve. Que todo lo mueve. Que da sentido al sinsentido. Y con ello, el recuerdo. El recuerdo presente. El recuerdo que acompaña a todos los lugares. Unas palabras de buenas noches. Un olor que evoca infancia. Un extrañar ininterrumpido. El guiño diario que invoca a quien se fue.

Antes de emprender aquel viaje por continente desconocido, fue niño. Tuvo miedo. Viajó. Conoció. Desconoció. Corrió. Tropezó. Se levantó. Se lamió las heridas. Volvió a correr. Sin miedo. Gamberreó. Se emborrachó. Ayudó. Trabajó. Compartió. Lo dio todo. Contó chistes. Historias. Rió. Mucho. E hizo reír. Mucho más. Observó por mirillas. Escuchó a través de las paredes. Se comprometió. Maduró. Sin perder ápice de vitalidad. Olió la naturaleza. Se rebozó en arena, nieve y hierba. Se lanzó al mar. En bomba. Transmitió alegría. Por cada poro. Creyó. Imaginó un lugar mejor. Y contribuyó a conseguirlo. Aprendió. Desaprendió. Enseñó. Escuchó. Colaboró. Dialogó. Habló en público. Y susurró ideas hermosas al oído. Obedeció. Y fue líder. Rezó. Corrió. Ágil. Sudó. Pasó frío. Se mojó. Nunca se quejó. Se regocijó bajo el sol. Como una lagartija. Sin echarse crema. Se saltó las normas. Comió bocadillos fríos de cacahuete en el internado. Y las mejores carnes, bebidas y manjares del universo. Mantuvo y alimentó el espíritu. Se rodeó de buena gente. Conoció a indeseables. Encontró a la persona con la que deseaba compartir el resto de las vidas. Durante siempre. Respiró el aire puro del mar. Y amó. Amó. Ante todo, amó. Y eso hizo el resto. El mundo en sus propias manos. Y con todo disfrutó e iluminó a su alrededor con una sonrisa llena de energía.

Estoy descubriendo que, quien fue, es. La esencia no se pierde, se transmite, se traspasa, se comparte. Y así, perdura, generación a generación. Un ser maravilloso que es en sí mismo un elogio a la vida. Goza del viaje, Rufino. Gracias por seguir cuidándonos. Volveremos a juntarnos.

domingo, 30 de octubre de 2011

"Genuine poetry can communicate before it is understood". (T.S.Elliot)

Noviembre es una luz tenue que se filtra una mañana tranquila por la ventana de aquel faro de los mares del norte. Colores que se abrazan sin lógica perceptible, al antojo de un alma que se siente propia. Libre. Sueños por cumplir en parajes lejanos, verdes, húmedos, exóticos, dulcemente bulliciosos y alegres por el instinto que los guía. Noviembre es un canto. Un susurro a lo más preciado, que se encuentra revoltoso entre los dedos de las manos. Un hacer. Un deshacer. Un canto a la libertad sin condiciones, ni peros. Una instantánea del deseo que nace, inocente, en lo más hondo. Sin reparos. Agradecimiento que viaja en notas musicales a través de miradas. Pedazos de paraíso que conquistamos con generosidad. Noviembre. Pura poesía.




viernes, 28 de octubre de 2011

"But I feel my heart start beating to my favorite song" (C. Martin)

Never thought of what would you do if today was your last day on Earth? Too occupied meeting deadlines and worried enough planning paradise for our future, we decline doing self-criticism, just in case we find we don´t like the picture we´ve been painting through past times until today, thinking undoubtedly we were doing THE right thing.

Well, the accuracy that this argument reaches isn´t high enough, as the most preoccupying fact relies on that we actually don´t even think, undoubtedly or not, on what we´re doing with our life. We get used to, since being happy kids, doing what everybody else does, without questioning it is good, convenient or, even more critical, it is what we really want do to. We´ve never been taught to choose what we truly want to do during the period between birth and death we spent here among more living beings. We unnaturally assume that what surrounds us has the answer, the route that will magically lead us, lead us, lead us where?

Here is the second point I´d like to make. If we have never asked ourselves where we want to get, it is not improbable, but almost impossible to get somewhere. No expensive education, nor good friends or big plans are worth for that personal trip everyone should enjoy since birth.

Paradise only exists to those ones who are brave enough to ask themselves, without searching for external approval, what they want to receive for themselves within their period alive. Asking one-self what he or she wants to do today in the described way means going against the establishment. Means feeling an amazing freedom inside heart. Means being truly human, against the humachine culture. Means waking up sometimes in not a very cheer mood but forgetting it in a matter of seconds just figuring that our efforts are worth because we are fighting for what we ourselves, without following any clichés, have decided to pursue.

The use of the power to choose our destination inevitably leads us to enjoy each part of the trip. So, if you are on the side of the braves, your answer, almost for sure, to the question posed at the beginning would be to continue doing your life. And this is, no doubt, real paradise.



sábado, 8 de octubre de 2011

"But to hold it together when everyone else would understand if you fell apart, that's true strength.” (S. Jobs)

Mediocridad. Es el vocablo que más viene a la cabeza de quienes tienen la osadía de pararse a observar lo que acontece a su alrededor. Crisis, recesión, indignados, corrupción, polución, hipoteca, paro, comida de plástico, deuda soberana, bancarrota, euro, guerra. Y no sigo. Nuestras cabezas están programadas por los tiempos que corren para saturar la lista de términos que nos llevan a pensar que la solución más adecuada pasa bien por huir y refugiarse en una nueva vida en una isla lejana, lejos de todo aquello tan perverso que no controlamos pero que acaba por afectarnos, bien por no creernos lo suficientemente valientes para seguir advirtiendo lo que ocurre y optar por lanzarnos a la vorágine de fomentar el crecimiento del Monstruo. Si no puedes con el enemigo, únete a él: Mi trabajo es vulgar. Mi vida es vulgar. Mis compañeros son vulgares. Mi tiempo libre es vulgar. Mi familia es vulgar. Mis vecinos, vulgares. No me complicaré. Voy a ser vulgar yo también.

Siempre acabamos percibiendo que los tiempos pasados fueron mejores. El baúl de los recuerdos. De la misma manera que hay quien dice que vivíamos más felices cuando España era un país autárquico, habrá quien diga dentro de unas décadas que la vida allá por los primeros años del siglo XXI era idílica. Es solo el efecto del tiempo y su memoria, siempre selectiva; borran lo molesto y ennoblecen lo placentero. Una reconciliación con lo añejo.

Soy joven, tanto en edad como de espíritu, entusiasta, creo en las personas, en la creatividad de nuestras mentes, en el trabajo y, desde luego rechazo hermanarme con la mezquindad imperante. Creo en la “passió pel meu ofici” de Pep Guardiola y en el “love what you do” de Steve Jobs.

Existen voces inspiradoras a nuestro alrededor, que transmiten un saber hacer optimista, una filosofía de vida que no permite estancarse. Voces que invitan a ir a contracorriente, a no mancomunarse en la medianía, a no dejarse llevar por dogmas ni paradigmas. A poner el intelecto en marcha sin prejuicios. Claro que seguirlas implica un esfuerzo, una postura activa y que no en vano se aleja de la comodidad de unirse al enemigo en lugar de escoger un camino propio y alternativo. Amemos la vida. Amemos el tiempo que nos ha sido regalado en el paraíso. Amemos lo que hacemos. Así es como conseguiremos que el planeta siga girando. Lo decía Steve. Y lo dice Pep. Love. Passió.




jueves, 7 de julio de 2011

"Cree lo que el corazón te diga. No hay promesas en los cielos". (Schiller)


Impulsos. Energía. Fuerza. No hay recetas para vivir. Somos lo que hacemos, y hacemos lo que vivimos. Somos, por tanto, nuestros propios maestros. Nunca se termina de aprender de la experiencia ajena. Confusión, esperanza o apatía, el torbellino de estados y sentimientos que sólo conoceremos e interiorizaremos viviéndolos no tiene límites.
De poco sirven las cavilaciones existenciales si finalmente todo queda ahí. Un pensamiento. O una teoría. La acción que sigue al impulso es vital porque es la huella que separa la vivencia de la conjetura. Decirlo. O no. Intervenir. O no.
El papel del espectador es cómodo, ya que tiene la certeza de que puede sentir lo mismo que los actores por mera empatía. Pero el espectador no es quien arriesga ni da los pasos. Tan sólo observa. Es en el valiente, que se deja llevar por algo tan genuino como esa corriente de energía que empieza en algún lugar de nuestro alma de vivos y nos recorre y llega hasta todos los poros que nos protegen y muestran al mundo, en quien encontramos nuestra esencia humana intacta.
Así llegamos al mundo. Inocentes a la vez que audaces, sin ser conscientes de ello. Crecemos observando lo que acontece a nuestro alrededor, pero sin reprimir en ningún momento aquello que nos pide nuestro diminuto cuerpo de bebés. A medida que vamos acumulando tropiezos, heridas, lágrimas, abrazos, caramelos, gotas de lluvia y briznas de sol que nos llegan a través de las persianas en las más apacibles y suaves siestas, tendemos a creer que somos menos inocentes. Que sabemos más. Nos volvemos aparentemente cautos y sabios. Más espectadores y menos actores.
No olvidemos nunca de dónde venimos. Aprender no ha de ser sinónimo de insensibilidad ni estancamiento. Pensemos en cómo hacerlo mejor la próxima vez, pero nunca reprimamos eso tan hermoso que nos recorre enteros, nos abre a infinitas aventuras y nos conecta con la inherencia de lo que somos. Somos lo que vivimos.




:)

domingo, 3 de abril de 2011

"Y si soñamos, fue con realidades". (J.Cunha)

Aquella mañana de sol tenue, Diego se despertó sobresaltado.

- ¡ Mamá! ¡Mamá! ¡No te lo puedes creer!

- ¿Qué es lo que pasó, hijo mío?

- ¡Venía hacia aquí! Quiere visitarnos…

- ¿Pero quién hijo? ¿De qué hablas?

- La fortuna, mamá. Que viene a quedarse con nosotros. Me contó el maestro que, cual Midas, todo lo que ella toca, se transforma. Se queda para siempre. La fortuna quiere visitarnos, mamá. Ella me lo dijo esta noche. Nos sacará de este poblacho inmundo, nos llevará con ella por parajes hermosos, de colinas verdes y suaves, cascadas portadoras de agua tan pura que siquiera el aire las ha catado. Playas infinitas mamá, de las que un ser humano no alcanza a imaginar.

- ¡Qué fantasía la tuya Dieguito! Y dime, ¿qué más te ha contado?

- Mamá, dunas de azúcar de colores, pájaros cantores que sanan a uno de cualquier mal. Bloques de hielo tibio y blando, sobre los que dormir sin madrugar. Halcones a los que subirse para ver el mundo tan pequeño como los soldaditos de plomo que heredé del abuelo. Árboles frutales de chocolate y dulce que jamás empachan. Rocas sobre las que jugar a saltar y rebotar hasta el cielo. Puentes de colores sobre los que deslizarse. ¡Ah! Y me olvidaba de los mosquitos que pican ganas de reir.

- ¡Ay hijito, qué bueno que te despertaras tan inspirado! ¡Qué espléndido ser un niño que todo lo cree!

- Pero mamá, ¡escúchame! Ella me lo dijo anoche. Hoy vendrá, y nos llevará. Y veremos hombres que se hacen felices los unos a los otros. Autoridades que facilitan la vida al resto de las personas. Políticos que cobran sus sueldos en forma de Coca-Cola. ¡Bárbaro mamá! Automóviles que funcionan no más que con el aire puro que existe allá donde pasa ella, la fortuna. Ella me lo dijo, mamá. Ella me lo dijo. Fronteras en las que se celebran fiestas y no libran batallas. Aviones que lanzan abrazos. Rosas sin espinas que dan color a la piel. ¿No es la mejor noticia de tu vida mamá?

- Pero Dieguito querido…

- Mamá, me olvidé de decirte que ella también me dijo una cosa importante. La fortuna nos llevará a ver todo esto, pero nosotros tenemos que aportar algo, mamá. Ella me lo dijo. Me dijo que actitud y alegría es lo único que necesitamos para que sea posible que ella nos lleve a ese cóctel de maravillas… Actitud y alegría. ¿Verdad que guardamos de esto en algún lugar, mamá?


:) EncuentrosNomadas

viernes, 18 de marzo de 2011

"Coged las rosas mientras podáis...

... veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.

Que tu estás aquí,
que existe la vida y la identidad.

Que existe el poderoso drama
y que tú puedes contribuir con un verso."

Estas estrofas de Robert Herrick y Walt Whitman en "El club de los poetas muertos" me parecen un auténtico canto a la vida.

No son pocas las veces que he oído que el sufrimiento es lo que nos humaniza. ¿Acaso las plantas y los animales no sufren? Creo que nunca he sido ardilla ni geranio, pero no hay nada que me haga pensar que el resto de seres vivos estén exentos de sufrir... Por tanto, parece que pasarlo mal no es lo que nos distingue del resto de los mortales. Sufren las personas, sufren las familias, sufren los pueblos... Vaya, que no hay más que mirar alrededor y abrir un periódico. Y realmente hay quien se empeña en afirmar que este sufrimiento nos hace mejores. Está claro que en todo camino hay obstáculos, pero el hecho de encontrarlos no nos hará sentirnos bien. Por el contrario, encontrar la manera de superar ese obstáculo sí que es una fuente de bienestar.


Esto me lleva a pensar que lo que nos hace más humanos reside, precisamente, en esa habilidad de dar la vuelta a las situaciones más penosas, de ver luz donde el resto solamente ve oscuridad, de convertir un día de lluvia en una ocasión de salir a gozar del mar, mojarse la cara y sentir el placer infinito de estar vivo.

En serio, coged las rosas, olvidaos de que tienen espinas y salid a conquistar el mundo, que está ahí esperando a que lo disfrutemos.

:) EncuentrosNomadas